Las sopas de ajo son uno de los platos más humildes y, a la vez, más queridos de la cocina manchega. Nacidas del aprovechamiento del pan del día anterior en las casas de labranza, han reconfortado durante generaciones las mañanas y las noches frías de Castilla-La Mancha. Con el Ajo Morado de Las Pedroñeras con Indicación Geográfica Protegida (IGP) como protagonista, esta receta tradicional gana en aroma e intensidad, gracias al sabor característico que distingue a este ajo de cualquier otro.
A ella se suman otros productos de calidad diferenciada de Castilla-La Mancha, como el Pan de Cruz de Ciudad Real con IGP y el aceite de oliva virgen extra con Denominación de Origen Protegida, para dar forma a un plato sencillo, económico y lleno de tradición, ideal para los meses de otoño e invierno.
Ingredientes:
· Ajo Morado de Las Pedroñeras con IGP: 6 dientes
· Pan de Cruz de Ciudad Real con IGP (del día anterior): 200 g, en rebanadas finas
· Aceite de oliva virgen extra DOP Aceite Campo de Montiel: 6 cucharadas
· Pimentón dulce: 1 cucharada
· Agua o caldo de ave: 1,2 litros
· Huevos: 4 unidades
· Sal: al gusto
· Comino molido: una pizca (opcional)
· Jamón en taquitos: 50 g (opcional)
Elaboración:
Pelar los dientes de Ajo Morado de Las Pedroñeras con IGP y cortarlos en láminas finas. Cortar el Pan de Cruz de Ciudad Real con IGP en rebanadas finas y reservar.
Calentar el aceite de oliva virgen extra en una cazuela, preferiblemente de barro, a fuego medio. Añadir los ajos laminados y sofreírlos hasta que empiecen a dorarse, sin que lleguen a quemarse, para que no amarguen. Si se desea, incorporar en este momento los taquitos de jamón y rehogar un minuto más.
Agregar las rebanadas de pan y remover bien para que se impregnen del aceite y del sabor del ajo, dejándolas tostar ligeramente durante 2-3 minutos.
Retirar la cazuela del fuego, añadir el pimentón dulce y remover rápidamente para que no se queme. Verter inmediatamente el agua o el caldo caliente, sazonar al gusto y añadir, si se quiere, una pizca de comino.
Volver a poner la cazuela al fuego y cocer a fuego lento durante unos 15 minutos, hasta que el pan se deshaga ligeramente y la sopa adquiera cuerpo.
Por último, cascar los huevos sobre la sopa y dejar que se cuajen durante 3-4 minutos, o bien batirlos y añadirlos en hilo removiendo suavemente, según la costumbre de cada casa. Servir bien caliente en la misma cazuela.
¡Un clásico de la cocina manchega que reconforta el cuerpo y el alma!