Dentro del conjunto de productos que integran Campo y Alma, el Aceite de Oliva Virgen Extra con Denominación de Origen Protegida (DOP) se erige como uno de sus mayores símbolos de identidad. No se trata únicamente de un alimento esencial en la Dieta Mediterránea, sino de un producto que concentra paisaje, cultura, saber hacer y tiempo. Un aceite que habla del territorio del que procede y de las personas que lo cultivan y elaboran.
Las DOP garantizan mucho más que un origen geográfico. Son un compromiso con la calidad, con la trazabilidad y con un modo de producción respetuoso que protege variedades autóctonas, prácticas tradicionales y un patrimonio agrícola transmitido durante generaciones. En el caso de Campo y Alma, los aceites con DOP representan la máxima expresión del olivar castellano-manchego, reflejando la diversidad de sus suelos, climas y paisajes.
Los aceites amparados por la Denominación de Origen Montes de Toledo destacan por su marcada personalidad. Elaborados principalmente a partir de la variedad cornicabra, ofrecen aceites estructurados, equilibrados y con una gran estabilidad. En ellos se aprecian aromas verdes, notas de hierba, hoja de olivo y un amargor y picor armónicos que los convierten en aliados ideales tanto para el consumo en crudo como para una cocina exigente. Son aceites que reflejan olivares centenarios y un conocimiento profundo del fruto y de su momento óptimo de recolección.
Por su parte, la Denominación de Origen Campo de Calatrava aporta un carácter singular ligado a un entorno de origen volcánico único en la península. Los suelos ricos en minerales y las condiciones climáticas de la zona confieren a estos aceites una intensidad y una fuerza muy reconocibles. Son aceites con cuerpo, expresivos, con matices profundos y una personalidad definida que los hace inconfundibles. Cada cosecha es el reflejo directo de un territorio singular que imprime carácter al producto final.
La Denominación de Origen Aceite de La Alcarria completa este conjunto con aceites de perfil más suave y elegante. Procedentes de un entorno natural de gran valor paisajístico, estos aceites se caracterizan por su delicadeza aromática, su equilibrio y su versatilidad. Son aceites que destacan por su finura y por una armonía que los hace especialmente apreciados para el consumo en crudo, realzando sabores sin ocultarlos.
En todos los casos, los aceites con DOP de Campo y Alma comparten una misma filosofía: respeto absoluto por el origen, control exhaustivo en cada fase del proceso y una clara vocación por la excelencia. Desde el cuidado del olivar hasta la extracción en almazara, cada paso está orientado a preservar las cualidades naturales del fruto y a ofrecer un aceite que sea fiel a su territorio.
Así, el aceite se convierte en el verdadero protagonista entre los productos Campo y Alma. No solo por su calidad sensorial, sino porque actúa como embajador de Castilla-La Mancha, transmitiendo en cada gota la riqueza de su campo, la diversidad de sus paisajes y el valor de un origen protegido que garantiza autenticidad, tradición y futuro.