Castilla-La Mancha
campoyalma
campoyalma
Boletín
 
buscar
Búsqueda en los contenidos de la web

La leyenda del Mazapán de Toledo

Hubo una vez una época de hambre en Toledo, que coincidía con el fin de un periodo de guerras, sequía y epidemias,  principales causantes de la despoblación de campos y asolamiento de lugares. Cuenta la leyenda que las monjas de San Clemente pidieron a su patrón que las ayudase a encontrar un medio para mitigar el hambre y, al parecer, el Santo, aficionado a las exquisiteces de la repostería, les debió recomendar el mazapán que, por aquel entonces, se conocía con otro nombre.
 
Las monjas encontraron la manera de producirlo a muy bajo coste, y así, el mazapán surgió como remedio para los famélicos. Fue para ellos como el pan, y hay quienes creen que de esa expresión viene su nombre, de brindar pan al hambriento.
 
¿Dónde se empezó a elaborar?
 
Los indicios apuntan a que no fue en Toledo donde se gestó este famoso dulce, ni tampoco se conoce la fecha exacta de inicio, puesto que antes que en España, ya era conocido en Italia y en países árabes.
 
Los musulmanes, cuenta la Historia, importaron este manjar en la Península en el siglo VIII cuando la invadieron. Aunque, es probable que fueran dulces de diversas variantes con almendras, no denominados como “mazapán.”
 
El cronista don Clemente Palencia cuenta una versión muy toledana acerca de la elaboración del mazapán. Dice que el convento de San Clemente, fundado en el siglo XII, fue la cuna del mazapán en la ciudad. Las monjas Bernardas poseían gran cantidad de almendros y por tanto, las almendras que recolectaban eran elaboradas con azúcar para transformarlas, después de pasar por el horno, en una pasta que podía aguantar varios meses.
 
Cuenta la leyenda que las monjas de San Clemente, para hacer frente al hambre cuando la ciudad era sitiada por los árabes, hicieron una mezcla machacando almendras y azúcar con una maza que llamaron “pan de maza”.