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El verano comienza con el Melón de La Mancha con IGP

Cuando llega el calor, llega él. Las condiciones edafoclimáticas de La Mancha convierten este territorio en el lugar perfecto para el cultivo del melón, proporcionando al producto unas propiedades únicas en cuanto al tamaño, el color, el escriturado de la piel y su conformación exterior. Un fruto que no necesita presentación, pero que lleva el sello que lo certifica: la Indicación Geográfica Protegida. 

El Melón de La Mancha cuenta desde 2014 con la Indicación Geográfica Protegida, un certificado de calidad que ampara las variedades Piel de Sapo y Piñonet. Dos variedades con carácter propio, reconocibles a la vista y, sobre todo, al paladar. Desde el punto de vista sensorial, destacan por el dulzor, la jugosidad y la escasa fibrosidad de su carne, convirtiéndolas en el sabor más esperado de la temporada estival. 

La zona de producción abarca la comarca natural de La Mancha, con municipios como Alcázar de San Juan, Manzanares, Tomelloso, Campo de Criptana, Socuéllamos o Valdepeñas, todos situados en la llanura manchega a una altura media de entre 500 y 700 metros. Una tierra que parece hecha para este cultivo: la combinación de un clima mediterráneo continental, con inviernos fríos y veranos calurosos, junto con suelos de escasa fertilidad pero perfectamente adaptados, es la clave de su calidad excepcional. 

Para que un melón pueda lucir el sello IGP, debe pertenecer a la categoría I, alcanzar un contenido mínimo en azúcar de 11º Brix y pesar entre 1,8 y 4 kilogramos. Un estándar exigente que garantiza al consumidor que lo que llega a su mesa es, sencillamente, lo mejor que la tierra manchega puede ofrecer. 

La recolección se estima que comience en torno al mes de julio y se extienda hasta octubre, cubriendo los meses de mayor consumo y asegurando presencia en los lineales durante toda la época estival. Castilla-La Mancha, y en concreto la provincia de Ciudad Real, lidera la producción de melón en España, con un producto tan arraigado en el campo manchego como el queso o el vino, pero con toda la frescura y la energía propia del verano. 

Un melón con nombre, con tierra y con alma.